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29/10/09

Chismes Celestiales II


Los gritos llenaban el cielo, tronando ensordecedores y mezclándose con el llanto de algunos pequeños ángeles, que ya no podían soportar el quebrantamiento de su tranquilidad.
San Pedro corría escandalizado entre las nubes, intentando alcanzar a su señor, que huía (literalmente) desbocado del lugar de los hechos.
-¡Señor!¡Señor! -decía éste atusándose su pequeña aureola dorada mientras daba torpes y cortos pasos- ¡Espéreme!
Pero Dios corría como alma llevada por el Diablo, dejando a su paso una estela de finas nubecillas. Finalmente, viéndose extenuado, se sentó en una nube y contempló la Tierra (cómo muchas veces hacía), tocando aquí y allá para arreglar algún que otro desperfecto.
-Puf...¡Cómo corre para ser usted tan mayor! -exclamó San Pedro sentándose frente a él en otra gran nube.
-Lo siento, Pedro -dijo Dios avergonzado- Pero hay circunstancias que me superan. Si tengo que seguir escuchando a Adán y Eva pelearse por el resto de la eternidad juro que me bajo a vivir al Infierno y allí me quedo.
De la lejanía llegaban gritos, voces e insultos varios: ¡Eres una celosa!¡Ya te he dicho que sólo fui a dar un paseo en nube con ella!
-Tranquilo, Señor -dijo San Pedro mirándolo mientras pensaba que haber subido al cielo a Marilyn Monroe había sido una gran error (era uno de los pretextos favoritos de pelea entre la pareja, sin olvidar la famosa manzana). Últimamente habían estado sometidos a mucha presión, el infierno estaba ya en su cupo máximo y, debido a la desaparición del Limbo, Satán había pedido un trasvase de almas al cielo- Mañana habrán vuelto a comunicarse con normalidad.
-Pero es que son muchos años ya aguantando esto, Pedro -decía Dios sosteniendo la cabeza entre las manos mientras sus ojos comenzaban a mostrarse vidriosos.
-Aquí tiene usted el poder absoluto, Señor. Debería hacer algo; podríamos probar una terapia de pareja o llamar a Cupido, aunque como último recurso -dijo San Pedro recordando los múltiples disturbios que había causado el travieso angelillo.
-Después de miles de años peleándose, esa relación no la salvo ni yo.
La conversación se vio entrecortada por nuevos gritos, esta vez de Eva: ¡No me lo puedo creer! ¡Miles de años después y sigues echándome la culpa de haber mordido la manzana! ¡Rencoroso!
-Tengo una idea -exclamó San Pedro maliciosamente mientras se ponía de pie- Podríamos enviarlos al Infierno, teóricamente deberían estar allí...
Dios levantó la cabeza y lo miró confundido e irritado.
-Es decir, Señor -aclaró Pedro nervioso- Ya sabe, la manzana,  la serpiente, el pecado original...
-¿Ya has estado viendo otra vez Popular TV? -exclamó Dios muy enfurecido, agachando San Pedro la cabeza muy abochornado- Esto se cae a pedazos y tú te dedicas a ver beatadas, ¡sólo falta que admitas que ves la Noria!
San Pedro inclinó más aún la cabeza, lo que podía pasar por una afirmación tácita.
-No me lo digas, prefiero no saberlo -dijo Dios observando su gesto- Voy a volverme loco, me van a volver loco...
Esto murmuraba Dios mientras daba vueltas alrededor de la nube cuando llegó San Juan. Hacía un rato que los gritos de Adán y Eva habían dejado de oírse.
-Traigo varias noticias del Infierno -dijo San Juan mientras observaba la extraña conducta de Pedro, que lloraba desconsolado.
-Adelante Juan, a ver que problema tiene ahora el señorito ahí abajo, siempre presionando porque su mundo está superpoblado.
-Dice que no se le olvide que esta noche tienen partida de póquer, y que Adán acaba de volver a suicidarse.
-Este hombre es tonto, definitivamente -dijo Dios perplejo mientras San Pedro soltaba una enorme carcajada.
-También me ha dicho -continuó San Juan- que está dispuesto a hacer un trato con usted. Si se juega en la timba de poquer el control de España, él promete que mantendrá a Adán una semana en el Infierno antes de mandarlo aquí de vuelta.
-Anda que no es pillo -exclamó Dios divertido- Le encanta meter las manos en todo, aunque yo juraría que a mis espaldas ya las ha metido ya en España.
-¡Por favor, acepte! -exclamaron al unísono Juan y Pedro arrodillándose ante él- ¡Por favor!
-Esto sí que es la verdadera manzana del pecado y no la que se comió Adán.

"Dios juega a los dados con el mundo"