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23/4/10

Discurrir


Ve el sol nacer desde el mismo lugar cada mañana, y ve como éste termina muriendo al final del día. Siempre desde el mismo lugar, y probablemente sin esperanzas de verlo desde otro lado. Se despierta con los primeros rayos impactando en su rostro y se duerme con un rezo a la benignidad de la noche. Es un rezo silencioso y ateo, no cree en un dios que lo deja desamparado. Sólo murmulla palabras incomprensibles, que ya no sabe como suenan en sus labios porque no tiene con quién compartirlas.

Risas y conversaciones ajenas desfilan por sus sentidos, la vida se manifiesta cruelmente mostrándole lo que ya no volverá a tener. Poco importa qué o quién fue antes, desde el instante en que hubo de parar allí dejó de existir como tal. Se convirtió en poco más que un estorbo para los viandantes, un parche en la bella ciudad...Soporta miradas y gestos, a veces insultos; otras compasión. Pero sólo quiere estar, insensibilizarse ante la adversidad, no quiere ser.

En la fuente abre el grifo y deja correr el agua, la mira absorto y fascinado. La deja correr lentamente, en ocasiones más rápido. Luego cierra el grifo y levanta al mirada, parece sopesar que le ofrece la vida. Rechazar la oferta y vuelve a abrir el grifo. Le gusta ver como el agua forma pequeños caminos en el suelo, sendas que varían según el día. El agua le recuerda a algo, no sé el qué, pero le hace feliz, inmensamente. Y pasa las horas junto a su banco y su fuente; porque él, a diferencia del agua, no discurrirá por ningún camino más, probablemente lo sepa. Quizá por ello deja correr el agua, le gusta liberarla de su opresión, le gusta imaginar que él viaja junto a cada gota lejos de la realidad...


Siempre que camino por cierto lugar de la ciudad lo veo junto a su fuente, abriendo el grifo y observando el agua discurrir. Para la mayoría de la gente esto no representa nada, pero a mi siempre me da la sensación de que cuando hace esto se siente libre. Puede que sólo sea la mera locura de un hombre que no tiene hogar ni familia, pero las mejores maneras de ver la vida son siempre las  más atípicas.

26/3/09

Caminos

Llevo sin escribir mucho tiempo, quizás demasiado; lo cierto es que he tenido exámenes, trabajos y un poco de "vacío emocional". Con esta expresión me refiero a esa sensación de no saber que escribir, o de escribir algo hueco, cuando las palabras no logran reflejar verdaderamente cómo te sientes. Seguro que lo habéis experimentado alguna vez.
Pues bien, en todo este mes no me ha pasado nada espectacular pero me han ocurrido cientos de cosas buenas (también malas, pero esas no tienen importancia para mí). Podría enumerarlas una a una, desde mi primera clase de coche hasta un gracioso suceso con un Euro, pero creo que hay algo transcendental en todos nuestros hechos cotidianos, todos (en mayor o menor medida) nos llevan a algún sitio.
No hablo de metafísica ni de un camino marcado desde el momento en que nacemos, hablo de algo mucho más profundo y natural...el sentido de nuestros propios pasos. Nadie elige nuestro camino en la vida, nadie nos obliga a tomar una dirección u otra, somos nosotros los que lo vamos marcando cada día. Somos nosotros los que nos equivocamos de dirección y rectificamos o no, los que saltamos un muro para acceder a un camino nuevo o los que nos quedamos parados ante la señal de Prohibido el paso.
Pero lo mejor de los caminos es que crees saber a donde te llevan cuando en realidad no es así, nadie sabe lo que le espera a la mañana siguiente, nadie sabe si ha tomado el camino adecuado o si realmente llegará a algún sitio. Esa es la cualidad más hermosa de nuestra vida, no conocer la ruta de los caminos. No nacimos con un mapa bajo el brazo, ni con una brújula, pero nacimos con alma, razón y corazón. Esas son las tres brújulas que nos guiarán durante el camino, pero hay que saber utilizarlas correctamente y su debido tiempo, y eso sólo se aprende andando.
Obviamente existen también imanes, y muy potentes, que nos intentarán alejar de nuestro camino (digo nuestro, el que nosotros escogemos, y no digo el camino correcto). La sociedad que ha marcado un camino supuestamente correcto, nuestros amigos, nuestra familia...hay cientos de imanes. Hemos de tener la habilidad para repelerlos, mejor seguir tu camino y equivocarte que no seguirlo y resignarte.
Y en los últimos meses siento que he escogido caminos que me gustan; acertados o equivocados, no me importa. Lo cierto es que, al igual que todos los ríos conducen al mar, todos los caminos conducen a la tierra (bajo tierra mejor dicho), y lo importante es saber disfrutan del paisaje durante el camino, que nuestra instancia en este mundo consista en vivir y no en sobrevivir...