17/4/10

Tarde de verano


Se acerca a la esquina con la delicadeza y el sigilo de un gato escabulléndose en el silencio de la noche, mira en derredor. Vacío obsoleto en la pesada tarde, el sol castigando los hombros, sólo vestidos por escuetos tirantes que dejan marcas en la piel. El pelo recogido, en un intento de despejar el cuello del caluroso abrazo. El aire se cuela por los bajos del vestido floreado, hace bailar la tela obscenamente mientras un muchacho se gira a su paso.
Gira la cabeza con la rápidez del experto cazador para no desperdiciar el divino soplo de viento que alboroza el vestido. Observa, uno, dos, tres...segundos más tarde vuelve a centrarse. El calor le aletarga, impidiéndole pensar, no logra recordar que era aquello tan importante que había de comprar. Rememora el frío de la sección de los congelados; benditas bolitas de patata heladas. Las imagina resbalando por su espalda, una a una, 250 gramos de felicidad congelada. Acelera el paso con una sonrisa en el rostro. Un hombre paseando un perro le adelanta peligrosamente por el lado derecho de la acera.
Lleva a su perrito al borde del paro cardíaco, recorriendo la acera a velocidades industriales, pero le urge la necesidad de derramar agua helada por su gaznate. El sudor se acumulaba en cada poro de su cuerpo, haciéndo más dificil la carrera. Los pies pisan asfalto hirviendo, la suela parece quemarse al contacto con el suelo; casi puede ver escapar nubes de vapor. Observa en la lejanía una fuente, el agua escapa con violencia salpicando varios metros alrededor. La gente se apiña a su alrededor disfrutando del ambiente refrescado. La impaciencia y la sed le carcomen, avanza decidido hacia el campo amigo tirando de la correa de un posible Fluffy o quizás Toby. Un ladrido quejoso escapa de su canina boca, mostrando unos pequeños incisivos y una gran lengua huida de la jaula de dientes. No camina por inercia como el resto sino que es arrastrado por un sádico sediento, las patitas apenas rozan el suelo. Lanza una mirada de clemencia a una mujer empelucada.
El museo de los horrores en pleno agosto, todos sudorosos y acumulando rencor hacia aquellos que disfrutan en otros lugares. El pelo le pesa enormemente, se mueve a su compás, una enorma bola rubia con olor a laca mecida por el viento. La Amy Winhouse metropolitana, una Carmen de Mairena poco tuneada. Los labios tienen un color rosa chicle, perfecto para la estanción del año, a conjunto con las uñas y el bolso. Pisadas seguras, repiqueando en la relativa soledad de la tarde. Se lleva una mano al pelo, comprueba su consistencia y espesor, calculando el grado de humedad y los hectolitros de laca necesarios para que mantenga su verticalidad. Da un traspié, el moño se balancea peligrosamente y parece que el campo magnético de la tierra se fortalece y tira de él hacia el hirviente asfalto. Un rictus de preocupación cruza su rostro. A su lado un muchacho sonríe ante las circunstancias.
Un soplo de aire le refresca ligeramente mientras le llega el olor inconfundible de la laca. A aquellas temperaturas la combustión expontánea se masca en el ambiente. Juega con el mechero en una mezcal de realidad-ficción y un toque de locura. Es Dios en medio del desierto. Pero por desgracia no hay ningún camello, agradecería una dosis de hielo. Anticapitalista muriendo por una lata de Coca-cola, las altas temperaturas provocan reacciones insospechadas. El cuerpo al límite, la mente al mínimo; la vida escapándose a medida que sube el termómetro. Ahora sabía que se podía morir de calor. Una gota de agua salpica su rostro, el cielo se había abierto y Dios baja con un cubo de agua fría. No estaba muerto, habia llegado a una gran fuente.

4 comentarios:

Soy beatriz dijo...

Que bello relato Lía... Hermosamente descipto. Me encantó.
Un abrazo!!!!

severino el sordo dijo...

Y Pedro Botero atizando las calderas,buen relato ,besos.

nexus. dijo...

Espléndido Lía, me ha encantado, muy buena incursión por la narrativa descriptiva que da un respiro a la actualidad inclemente.
Un abrazo.
salud y República!!
Nexus.

Lia dijo...

Wenas!!

BEATRIZ: muchas gracias, me alegro de que te gustara.

SEVERINO: la inspiración viene de un Agosto que pase aquí trabajando, atravesaba la ciudad a las 4 de la tarde...

NEXUS: la actualidad es más ardiente que este relato, al lado de las problemáticas políticas esto parece aire fresco.

Gracias a los tres por vuestros comentarios!!